ERAN TIEMPOS EXTRAÑOS
Del aire al sueño, como una luz difusa,
iba yo entre las sombras y la atmósfera,
sintiendo y respirando,
en la latitud del recuerdo
la fragancia implacable
de los años, la mirada
profunda del pasado,
el espeso aroma de la vida
que se revela en un latido.
Eran tiempos extraños,
oscuros, subterráneos.
En el rítmico tictac del reloj
se quemaban las horas
poblando de vacíos la memoria.
Nadie me esperaba en las calles.
Los amigos eran hojas
que los vientos del otoño
se llevaron lejos, muy lejos,
quizá tan lejos
como para siempre.
El amor,
al igual que la huella de unos pasos
grabados en la arena de una playa
es barrida por las olas,
se hundía en la espiral de los abismos.
El corazón era una tumba
donde se encerraban
a cal y canto las penas.
Sí. Eran tiempos extraños,
oscuros, huecos, subterráneos.
Pero el pulso todavía
navegaba por las venas
y cada mañana volvía
el demonio sol
a colgarse del cielo
para hacer hervir los mares
y derramar su luz sobre la tierra.
©Fernando Luis Pérez Poza